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Abstract
El cultivo de frijol en nuestro país tiene profundas raíces milenarias. Actualmente el papel de esta leguminosa sigue siendo fundamental porque representa una fuente importante de ocupación e ingreso para la economía campesina, así como una garantía de seguridad alimentaria, vía autoconsumo, mientras que en la dieta representa la principal y única fuente de proteínas para amplias capas de la población mexicana (Varela, 1995). En nuestro país ocupa el segundo lugar en superficie cultivada.